La dieta cetogénica es aquella que reduce elimina totalmente los hidratos de carbono para obligar al cuerpo a entrar en cetosis, esto produce una pérdida de peso al utilizar la grasa como fuente de energía. Esto ocurre ya que los cuerpos cetónicos son solubles en agua, atraviesan la barrera hematoencefálica y llegan al cerebro con rapidez asombrosa, convirtiéndose en una fuente de energía confiable cuando otras alternativas de energía fallan por alguna razón.

No obstante, siguiendo un enfoque low carb”, es decir, una dieta baja en carbohidratos, sin necesidad de llegar a cetogenica, además acompañada de ayunos intermitentes y entrenamientos en ayunas, se pueden conseguir adaptaciones similares en cuanto a la flexibilidad metabólica ( estudio ). Entrenamientos con depósitos bajos en glucógeno (low carb+ayunos) puede también mejorar el uso del cuerpo de las grasas como fuente de energía (mejora de la flexibilidad metabólica).

Pasado este tiempo, el organismo regula automáticamente la producción de cuerpos cetónicos a los estrictamente necesarios y se reduce paulatinamente su expulsión hasta que llega un momento en que no es necesario expulsar ninguno y estos olores desaparecen.

Asimismo, la dieta cetogénica no es aconsejable en personas que sufren problemas hepáticos cardíacos pues se han dado casos de desarrollo de arritmias, comprobándose con algunos estudios que puede darse también un descenso de la capacidad de atención y falta de velocidad para procesar información visual de forma rápida.

Las personas con síndrome metabólico, resistencia a la insulina, pre diabetes y Diabetes tipo 2 (todas las enfermedades con intolerancia a los carbohidratos) probablemente verán mejoras sintomáticas y objetivas en los biomarcadores del riesgo de enfermedad.

Basándose en casos documentados, algunos autores sugieren que, puesto que en este tipo de dietas se suprime el consumo de gluten, la mejoría del estado de salud general, de molestias digestivas incluso de trastornos neuropsiquiátricos como la esquizofrenia con este tipo de dietas, puede indicar la presencia de una enfermedad celíaca no reconocida.

Al mantenerse en el largo plazo en una dieta cetogenica se podría conseguir el efecto inverso, es decir, volverse demasiado inflexible metabólicamente ante los carbohidratos y que cualquier pequeña cantidad de carbohidratos ya suponga un pico de azúcar en sangre como si fuéramos un diabético.

Por este motivo, las personas que siguen este tipo de dietas, sólo acusan la falta de glucosa en el periodo de adaptación que no suele prolongarse más de 48-72h, en el que suelen mostrar irritabilidad, cansancio y sensación de hambre, ya que cuando su metabolismo se vuelve lipolítico la sensación que experimentan suele ser de plenitud energética y ausencia de hambre.

En este proceso de adaptación, incluso las neuronas cerebrales que son células que suelen obtener la energía en forma de glucosa, son capaces de adaptarse y obtener de la grasa entre el 50 y 75% de la energía necesaria, concretamente de los cuerpos cetónicos.

La dieta cetogénica, en la que se restringe también el consumo de grasa animal, suele tener muy buenos resultados a la hora de mejorar los niveles de colesterol en sangre, pero este resultado también varía de unas personas a otras, sin tener pruebas concluyentes de qué es lo que hace que en algunos casos los niveles de colesterol bajen y en otros no.

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