En la actualidad, la dieta paleo cada vez se conoce en un grueso más importante de gente. Existe una creencia generalizada y equivocada sobre la posible falta de seguridad de la dieta cetogénica, y es más, la cetosis ha sido comparada tradicionalmente con el estado de cetoacidosis, una situación grave que pueden experimentar los pacientes diabéticos y que nada tiene que ver con la cetosis.

Investigaciones anteriores muestran que hay una pérdida de peso más rápida cuando los pacientes siguen una dieta cetogénica muy baja en carbohidratos en comparación con los participantes que siguieron una dieta más baja en grasa tradicional, incluso una dieta mediterránea.

Cabe destacar los efectos secundarios, muchos de los cuales son comunes a cualquier dieta que produzca una pérdida de peso demasiado rápida: pérdida de masa muscular, piedras en la vesícula y cólicos, sensación de frío, caída del cabello, mareos por bajada de tensión, elevación del ácido úrico, etc.

Actualmente, desde hace 4 meses y medio sigo un dieta cetogénica con mucha cabeza, eso sí. Tras muchos años anquilosada en mi peso, he conseguido bajar 6 kilos y medio (necesitaba deshacerme de ellos), y no había manera y eso que mi dieta no era mala, ya que desde finales de 2013 que conocí a Odile Fernández, empecé a tomar conciencia de alimentación sana.

Algunos estudios sugieren que el consumo de cetonas exógenas es una forma eficaz de ayudarnos a alcanzar el estado de cetosis, pero esto solo tendrá algún impacto si va acompañado de la misma dieta keto de la que antes hablábamos, alta en grasas y muy, muy baja en carbohidratos.

Se calcula que en Suecia aproximadamente un tercio de la población sigue una dieta cetogénica, lo que explica la baja tasa de obesidad en este país y, para acabar definitivamente con el mito del supuesto peligro de las dietas cetogénicas, basta decir que Suecia no muestra una mayor concentración de problemas de salud que cualquier otro país de su entorno, sino más bien al contrario.

La mayoría de los estudios de las dietas bajas en carbohidratos solo rastrean los factores de riesgo para enfermedades del corazón y no son lo suficientemente grandes como para rastrear algunos criterios de valoración difíciles como los resultados reales de salud, por ejemplo, el riesgo de un ataque al corazón.

En esta dieta no se trata de no comer sino que hay que suplementar la pobre ingesta de carbohidratos con grasas saludables y proteínas, hay que aportar la cantidad suficiente de calorías para satisfacer las necesidades de nuestro organismo para estar en forma y mantenerse sano y sobre todo para perder grasa pero también para evitar que el organismo consuma masa muscular.

Hola Jordi, es una corriente que como digo varias veces en el artículo, poco estudiada, sobre todo a largo plazo, y sin duda, no la recomendaría aún como forma de vida, puesto que no hay evidencias de que sea segura, pero por la evidencia científica que tenemos, no creo que haya problemas si se practica a corto plazo para bajar nuestro porcentaje de grasa corporal.

La insulina activa unas enzimas clave, que almacenan la energía derivada de los carbohidratos, y cuando hay una ausencia escasez de carbohidratos en la dieta, el nivel reducido de insulina resultante conduce a una reducción en la lipogénesis y una reducción en la acumulación de grasa (1).

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